Historia

Los orígenes y la familia Ségur

Si bien la primera referencia conocida de Lafite se remonta al año 1234 con un tal Gombaud de Lafite, abad del Monasterio de Vertheuil situado al norte de Pauillac, la existencia de Lafite como Propiedad Medieval se encuentra documentada desde el siglo XIV. El nombre Lafite proviene de “la hite”, voz que en idioma gascón quiere decir “la colina”. Probablemente por aquel entonces ya existían viñedos en la propiedad, pero fue gracias a los Ségur, en el siglo XVII, que el viñedo se estructuró, afianzando la reputación de Lafite como gran propiedad vitícola. Jacques de Ségur inició la plantación del viñedo Lafite alrededor de 1670 y a principios de la década siguiente. En 1695, el hijo heredero de Jacques de Ségur tomó por esposa a la heredera del Château Latour, quien dio a luz a Nicolas-Alexandre de Ségur. Así se unieron las dos propiedades señoriales de Lafite y Latour, dando inicio a una historia vitivinícola común.

Los “New French clarets”

Desde comienzos del siglo XVIII, el vino de Lafite se comercializaba en la ciudad de Londres. Mencionado regularmente en la oficialísima London Gazette a partir de 1707, el vino proveniente de los barcos mercantes capturados por los corsarios británicos y las naves de la Marina Real (no olvidemos que se estaba en plena guerra de sucesión de España) se comercializaba en las subastas públicas de la City. La London Gazette describía el vino de Lafite y de sus pares como los “New French clarets”, los cuales se vendían con sus borras, identificando primero el cru y poco tiempo después la añada. Ya en 1732-1733, el entonces Primer Ministro Robert Walpole compraba una barrica de Lafite cada tres meses, mientras que en Francia el interés por los Bordeaux tintos no se manifestaría sino hasta mucho después.

El vino del Rey y el Príncipe de los Viñedos

A partir de 1716, el Marqués Nicolas-Alexandre de Ségur se abocó a la tarea de consolidar los primeros logros obtenidos, mejorar las técnicas vitivinícolas, y, sobre todo, promover el prestigio de los grandes vinos tanto en los mercados extranjeros como en la corte de Versalles. En la corte se le apodó el “Príncipe de las Viñas” y el vino de Lafite llegó a conocerse como el “Vino del Rey”, gracias al apoyo de un embajador de lujo: el Mariscal de Richelieu. A poco de ser nombrado Gobernador de Guyenne en 1755, el Mariscal de Richelieu consultó a un médico en Burdeos, quien le recetó el vino de Château Lafite como el mejor y a la vez el más agradable de los tónicos. – “Mariscal, le dijo Luis XV a su regreso a París, pero si parece que tuviera veinticinco años menos que cuando partió para Guyenne”. – “Acaso Su Majestad ignora que he encontrado la famosa fuente de la juventud? He descubierto en el vino del Château Lafite un licor generoso y delicioso solo comparable a la ambrosía de los Dioses del Olimpo”. Pronto en Versalles no se habló de otro tema que no fuera el vino de Lafite, el cual contaba con la alta aprobación del Rey. Todo el mundo estaba ansioso por probarlo; Madame de Pompadour lo sirvió en sus cenas y, más tarde, Madame du Barry decidió no tomar otro vino que no fuera el Vino del Rey, como se le llamaba entonces.

Una sucesión difícil

El marqués no tuvo hijos varones, por lo que sus propiedades fueron repartidas entre sus cuatro hijas. Fue así que Lafite fue separado de Latour aun cuando permaneció en la misma familia, administrado por el mismo gerente hasta 1785. Lafite pasó luego a manos del Conde Nicolas Marie Alexandre de Ségur, hijo de la primogénita del marqués, que había contraído nupcias con su primo Alexandre de Ségur, preboste de París. En 1785, el autor anónimo de una Memoria sobre la ‘Propiedad de Lafite’ haría mención al “viñedo más hermoso del universo”. Sin embargo, la realidad de los negocios del Conde de Ségur era muy distinta. Ahogado en deudas, se vio en la obligación de vender el Château Lafite en 1784. En su calidad de pariente del vendedor, Nicolas Pierre de Pichard, primer presidente del Parlamento de Burdeos, se valió de la figura jurídica “retiro por linaje” para recuperar el domaine.

Thomas Jefferson

En vísperas de la revolución, Lafite se erguía como el exponente máximo de la jerarquía vinícola, como consta en los excepcionales escritos de Thomas Jefferson, futuro presidente de los Estados Unidos. Siendo embajador de la “joven República de los Estados Unidos” en la corte de Versalles, este personaje, a la vez hombre de negocios, político, jurista y diplomático, sentía una enorme pasión por la viticultura, la cual esperaba poder desarrollar en su país. Se hospedó en Burdeos en mayo de 1787, bastándole solo cinco días para visitar a los más destacados négociants de Chartrons y cosechar un cúmulo de información que llevaría consigo en sus notas de viaje. Describe con especial dedicación la jerarquía de los crus y destaca la preeminencia de los futuros cuatro premiers crus, entre los cuales figura Château Lafite. Jefferson siguió siendo un fiel cliente de los grandes vinos de Bordeaux por el resto de su vida.

La propiedad holandesa

El control de Lafite por parte de la Familia Ségur terminaría de forma brutal con la ejecución de Nicolas Pierre de Pichard bajo el Régimen del terror el 12 messidor del año II del poco reconocido calendario revolucionario (30 de junio de 1794). En el vestíbulo del Château Lafite se encuentra el antiquísimo afiche enmarcado que anunciaba la subasta de la propiedad a realizarse el 12 de septiembre de 1797. En ese entonces, se describe al domaine como “el premier cru del Médoc que produce el mejor vino de Bordeaux”. El comprador, Jean de Witt, de nacionalidad holandesa, se vio pronto en la obligación de revender Lafite a tres négociants también holandeses. Como resultado del breve paso de Jean de Witt, Château Lafite se vio beneficiado por una notable sucesión de gerentes, el primero de los cuales, Joseph Goudal, mantuvo firmes las riendas del domaine durante la primera mitad del siglo XIX. Los tres propietarios de Lafite a partir de 1800 fueron el Baron Jean Arend de Vos Van Steenvwyck, Othon Guillaume Jean Berg y Jean Goll de Franckenstein.

El misterio Vanlerberghe

En 1818, Lafite fue adquirido por Mme Barbe-Rosalie Lemaire, cuyo marido, Ignace-Joseph Vanlerberghe, era un gran comerciante de uva a granel e importante proveedor de los ejércitos de Napoleón. El misterio se originó con el deceso de Ignace-Joseph Vanlerberghe. Según la historia oficial, Mme Lemaire vendió el domaine Lafite al británico Sir Samuel Scott en 1821. Él, y luego su hijo, realizaron una efectiva gestión hasta 1867. Pero en realidad, Samuel Scott y su hijo no fueron más que representantes y banqueros de Aimé-Eugène Vanlerberghe, hijo de Mme Lemaire e Ignace-Joseph Vanlerberghe. Al momento de abrir la sucesión de Aimé-Eugène Vanlerberghe en 1866, se dio a conocer el mandato como prueba de la propiedad del difunto. Y así, después de medio siglo escondido entre las sombras, el nombre de Vanlerberghe como propietario de Lafite finalmente salió a la luz. De este periodo, varias cosechas se inscribieron en los anales: 1795 y 1798, por su calidad excepcional, 1801, 1802, 1814, 1815 y sobre todo 1818.

La clasificación de 1855

En 1815, M. Lawton publicó en la gaceta de la corredora homónima una primera calificación de los crus del Médoc que se aproxima bastante a la calificación de 1855. Ya entonces Lafite aparecía en la cima de la clasificación: “Lo he calificado como aquel de mayor elegancia, delicadeza y fina esencia de los tres [premiers crus]”. Y agregó: “La ubicación de sus viñas es una de las más bellas del Médoc”. La cosecha 1834 fue un gran acierto, en tanto que la de 1841 y sobre todo la de 1846 fueron excelentes. La clasificación de los crus classés para la Exposición Universal de París de 1855 consagró oficialmente, aunque no por ello sin una cuota de intrigas y peripecias parisinas, el lugar de Lafite como el “primero entre los premiers crus”. Esta calificación se constituiría posteriormente como el punto de referencia de una era de prosperidad sin precedente en la historia del Médoc. Entre las cosechas destacadas de este período es necesario mencionar especialmente las de 1847, 1848, 1858, 1864, 1869, 1870 y 1876.

El Barón James de Rothschild

El 8 de agosto de 1868, el Barón James de Rothschild adquirió el Château Lafite

El 8 de agosto de 1868, el Barón James de Rothschild adquirió el Château Lafite

El 8 de agosto de 1868, el Barón James de Rothschild adquirió el Château Lafite, puesto en venta como parte de la sucesión de Ignace-Joseph Vanlerberghe. El Barón James, a la cabeza de la rama francesa de la familia Rothschild, falleció tres meses después de la compra y Lafite pasó a ser propiedad mancomunada de sus tres hijos: Alphonse, Gustave y Edmond. El domaine ya contaba con 74 ha de viñas. Quizás como una forma de saludar el cambio en la propiedad o reflejar la euforia reinante en este próspero periodo… el año 1868 adquirió especial importancia para Lafite por otro hecho muy especial: el precio excepcional alcanzado por su cosecha (6250 francos de la época por barril, lo que equivaldría a más de 4.700 Euros actuales). Esta cotización “en primeur” constituiría un récord durante un siglo, antes de ser ampliamente superada a fines del siglo XX. Afortunadamente para los Barones Alphonse, Gustave y Edmond de Rothschild, la “belle époque” del Médoc se prolongaría por aproximadamente quince años luego de la adquisición de Lafite.

Calamidades, guerras y crisis

El final del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX trajeron consecuencias desastrosas en todo orden de cosas: la crisis de la filoxera y el desarrollo del oídio en el viñedo, los fraudes organizados en perjuicio de los grands crus, la Primera Guerra Mundial y la Gran Depresión provocaron una estrepitosa caída en los precios. Fuertemente afectado por el oídio, Château Lafite no dudó en desclasificar algunas cosechas entre 1882 y 1886, y otras hasta 1910 y 1915. El embotellado en el Château también fue adoptado como forma de luchar más eficazmente contra el fraude y la falsificación. Durante la guerra de 1914 a 1918, el domaine se vio muy afectado por las movilizaciones y las restricciones de abastecimiento. La crisis económica de los años 30 también repercutió con fuerza en el viñedo, debido a un mercado largamente deprimido y a una crisis financiera sin precedentes que redundaron en la necesidad de reducir la superficie plantada. La gran calidad de las cosechas 1899, 1900, 1906 y luego 1926 y 1929 constituyó una notable excepción a este cuadro tan sombrío.

Guerra y ocupación

La Segunda Guerra Mundial nuevamente pondría a prueba a Lafite, pero esta vez con un alcance muy distinto, dado que la derrota condujo a la ocupación del Médoc a partir de junio de 1940. Una guarnición alemana estuvo apostada en los Châteaux Lafite Rothschild y Mouton Rothschild durante toda la ocupación, y las propiedades de la familia Rothschild fueron usurpadas y colocadas bajo administración pública. Como forma de escapar a los caprichos alemanes y gracias a la perspicacia de los administradores provisorios, los domaines vitícolas fueron finalmente expropiados en 1942 para establecer en ellos escuelas agrícolas. Sin embargo, las penurias y restricciones que se sumaron a las requisiciones y saqueos disfrazados de las antiguas botellas propinaron un duro golpe al Château durante este periodo. A fines de 1945, los Barones de Rothschild retomaron el control del Château Lafite Rothschild y el Barón Élie se encargó de restablecer la marcha del Domaine. Una serie de notables cosechas 1945, 1947 y 1949 pusieron una cuota de optimismo en la tarea de reconstrucción.

El Barón Élie: Artífice de la reconstrucción

El Barón Élie coordinó un programa de remozamiento del viñedo y las construcciones, así como una completa reorganización de la administración de la propiedad. Incluso se creó un rebaño de vacas lecheras en los años 1950 para explotar las praderas adyacentes al château y para proveer el preciado estiércol para las viñas. El Barón Élie fue uno de los principales artífices de la difícil reconstrucción del mercado de los grandes vinos. Se convirtió en miembro activo de las primeras sesiones de “tasting” en Londres y en miembro fundador de la cofradía de viñateros “La Commanderie du Bontemps du Médoc” en 1950. Aun cuando la extraordinaria cosecha 1955 surgió como signo de la renovación, al viñedo bordelés aún le faltaba sufrir las terribles heladas de febrero de 1956 antes de realmente volver a ponerse de pie e iniciar un nuevo ciclo gracias a las excepcionales cosechas de 1959 y 1961. Los años 1960 consolidaron este renacimiento gracias a la amplia apertura de los mercados, especialmente en los Estados Unidos. Los precios se elevaron nuevamente, fenómeno al cual contribuyeron de manera importante una cierta imitación entre los Châteaux Lafite Rothschild y Mouton Rothschild.

El Barón Éric y la renovación

Luego de la crisis bordelesa de 1973-1976, el relanzamiento se vio confirmado con las excelentes cosechas 1975 y 1976, y la toma de control de los destinos de Château Lafite Rothschild por parte del Barón Éric de Rothschild, sobrino del Barón Élie. La llegada del Barón Éric al puesto de control significó un nuevo impulso gracias a su participación en la búsqueda de la excelencia y la articulación progresiva de un nuevo equipo técnico. En el viñedo, los trabajos de replantación y restauración se vieron reforzados por cambios graduales y nuevos tratamientos fitosanitarios. En las bodegas se instalaron cubas de acero inoxidable como complemento a los fudres de roble y se construyó una nueva bodega de envejecimiento de forma circular, encomendada al arquitecto catalán Ricardo Bofill. Esta revolucionaria bodega, aclamada por su carácter innovador y su estética depurada, permite acoger 2200 barricas. En este mismo espíritu, el Barón Éric lanzó en 1985 una iniciativa artística que asocia a Lafite con renombrados fotógrafos, entre los cuales podemos citar a Jacques Henri Lartigue, Irving Penn, Robert Doisneau y Richard Avedon. Asimismo, amplió los horizontes de los domaines mediante nuevas adquisiciones tanto en Francia como en el extranjero (véase la Historia de los Domaines Barons de Rothschild). Las espléndidas cosechas de los años 80 y 90, especialmente 1982, 1986, la trilogía 1988, 1989 y 1990, y luego 1995 y 1996 han sido reconocidas con importantes alzas en sus precios.

Una década notable marcada por el cambio de milenio

De 2000 a 2010 se impuso una sucesión de cosechas extraordinarias gracias a un clima más bien seco durante el crecimiento vegetativo. El tiempo demostrará las virtudes indiscutibles de las cosechas 2000, el tórrido año 2003, 2005, 2009 y 2010. El cambio de siglo transcurrió sin sobresaltos gracias a las promesas de las cosechas que reposan en las bodegas y cavas. Este razonable optimismo se apoya en la permanente búsqueda de la excelencia que ha marcado la historia de Château Lafite Rothschild.